domingo, 5 de mayo de 2024

Incremento de las probabilidades de un embarazo natural

¿Cómo aumentar las probabilidades de un embarazo natural?

Esta es la típica pregunta que nos hemos planteado todas las parejas que, en algún momento de nuestras vidas, nos hemos decidido a ser padres.

Coche de capota clásico esperando ocupante.

Como biólogo licenciado, investigador vocacional y experto en la observación de la conducta animal, considero que aunque el ser humano actual haya perdido gran parte de sus instintos más ancestrales, su metabolismo reproductor es similar al resto de las especies del reino animal.

El análisis con metodología científica y la interpretación correcta de los procesos naturales, son la garantía para realizar un diagnóstico adecuado y para intentar resolver cualquier problema.

Los animales salvajes nunca se aparean por simple placer sexual, aunque los machos siempre estén disponibles. Cuando una hembra de mamífero admite la cópula por parte del macho siempre coincide con el momento de la ovulación (según su ciclo estral), de la procreación, y la probabilidad de fecundación aumenta con la repetición de encuentros sexuales de manera exponencial. La sincronización entre la ovulación y el suministro de esperma resulta fundamental para el éxito en el proceso de fecundación.

Los seres humanos, en la medida de lo posible, deberíamos imitar esta misma conducta animal aplicando un sistema inteligente científico-tecnológico.

Por respeto a todos aquellos que ya la han probado y verificado, me abstengo de publicar detalles sobre el éxito inmediato y absolutamente contrastado de la técnica reproductora natural, y sin necesidad de ayuda externa, que expongo de una manera altruista, accesible y sencilla en el presente blog.

La metodología propuesta sólo funcionaría en parejas heterosexuales potencialmente fértiles, incluidos los casos de esterilidad de origen desconocido, y que no requieran ayuda médica experta de reproducción asistida, facultativos a los que se debe acudir cuanto antes para evitar posponer cualquier solución a un problema de esterilidad o infertilidad.


Técnica pionera para aumentar las probabilidades de un embarazo natural
Enlace recomendado:

Cuántas veces habremos escuchado que nuestras abuelas se quedaron embarazadas en la luna de miel...

Aunque en la actualidad podamos pensar que se trata de un bulo, mito o leyenda fantástica, deberíamos replantearnos nuestra opinión y pensar que quizá dicha afirmación podría ser cierta.

Lo primero porque nuestros ancestros pretendían ser padres mucho antes que intentamos serlo nosotros, que por motivos de estudios, trabajo estable, búsqueda de la pareja ideal o simple pereza retrasamos cada vez más la edad media de procreación.

En segundo lugar porque, en líneas generales, al principio de la relación es cuando más contacto sexual se produce, y antes la virginidad se respetaba hasta el matrimonio, pero una vez levantado el veto y con la bendición divina de Dios, nuestros ancestros no paraban de aparearse como auténticos homínidos desinhibidos, y sin utilizar ningún medio de protección.

En la actualidad y por lo general, las relaciones que empiezan a fraguarse tienen una frecuencia de 1 o 2 veces (hasta 3) por día. Posteriormente, la media desciende a unas 3 por semana. Paulatinamente continúa decreciendo, a 1 vez cada 15 días y hasta 1 vez cada 1 o 2 meses..., alcanzando en ocasiones una lamentable periodicidad olímpica.

Las relaciones sexuales y amorosas liberan sustancias químicas que los neurotransmisores se ocupan de sintetizar en el cerebro. Estas sustancias son las llamadas endorfinas y, en concreto, son la dopamina, serotonina y oxitocina.

La dopamina es una sustancia química del sistema nervioso central que activa 5 receptores celulares, del D1 al D5. De esta manera, cuando uno siente enamoramiento, sobrevienen la excitación, la plenitud de energía y el hecho de ver la vida como algo magnífico.

La dopamina está muy ligada a la endorfina y adrenalina, así que, cuando esta baja (no se tienen relaciones sexuales con frecuencia), las endorfinas también bajan y se activan la depresión, la tristeza y otras tantas patologías neuropsicológicas.

Las mujeres, salvo en practicar una vida sana (alimentación, deporte y eliminación de sustancias tóxicas perjudiciales) en poco o en casi nada tendrían margen para poder incrementar de manera activa la tasa de procreación, con la mejora de la calidad de sus óvulos (directamente relacionado con la edad).

Por el contrario, es el hombre quien tendría una gran capacidad y responsabilidad en el incremento de la tasa de concepción o fertilidad de la pareja.

La calidad del semen se incrementa con las eyaculaciones, y aumenta proporcionalmente a una mayor frecuencia. También eso es un buen estímulo para que se formen los espermatozoides en los testículos. De la misma manera que ocurre con los músculos, la función entrena al órgano.

Las relaciones sexuales, o más concretamente las eyaculaciones, no se deben mantener sólo en el período periovulatorio (antes y después de la ovulación); el semen se encuentra en las mejores condiciones de calidad (movilidad y cantidad) con hasta 2-3 días de abstinencia antes de comenzar a degradarse (se fragmenta el ADN de los espermatozoides). En consecuencia, si previamente ha habido muchos días sin relaciones, en el momento fértil de la mujer, la calidad seminal no será la adecuada. Para mantener el órgano reproductor masculino en condiciones de máxima fertilidad, se recomienda realizar "labores de mantenimiento", eyaculando invariablemente al menos una vez cada 1-2 días.

Calidad del semen.

De ningún modo se pretende conseguir o seleccionar hombres superdotados para la concepción (sementales), se considera suficiente un hombre motivado en querer ser padre, con actitud positiva y que cumpla con la aptitud media requerida.

En definitiva, tal y como el ser humano se prepara para realizar cualquier activad fundamental de su vida, los hombres deberían cambiar por unos días su rol de amantes complacientes para reconvertirse en auténticos reproductores inteligentes. En este sentido, el aparato reproductor masculino, como cualquier otro órgano del ser humano, de manera previa conviene entrenarlo para mantenerlo activo en las mejores condiciones posibles, y que no quede atrofiado por un elevado periodo de tiempo de abstinencia sexual (más de una semana).

Asimismo, durante los días más fértiles de la mujer sería conveniente reducir la actividad física, como el deporte intenso, o incluso las discusiones absurdas de pareja, para mentalizarse, centrarse y aprovechar toda la energía fisiológica disponible en asegurar el éxito reproductivo.

Sin la disponibilidad directa de un centro de reproducción asistida o un equipo de ginecólogos, y con la calculadora o los test caseros de ovulación y la metodología básica disponible en el mercado, resulta complicado calcular el momento preciso de la ovulación, para mantener un encuentro sexual que derive en una fecundación efectiva del ovocito (óvulo).

En cualquier centro de reproducción asistida, por propia experiencia está comprobado que la tasa de embarazo es acumulativa, por lo que se recomienda realizar inseminaciones seriadas.

La técnica expuesta consiste en tratar de asegurar al máximo el suministro de semen fresco o reciente, de manera natural, en el momento preciso y con calidad de apto, para que se produzca la fecundación de cualquier óvulo disponible y viable situado en el interior de las trompas de Falopio, enclave concreto donde se produce la concepción. Aplicando esta metodología se pretende que, el periodo de viabilidad del ovocito, con toda seguridad sea cubierto por al menos dos (o incluso tres) eyaculaciones recientes.

Por los distintos autores consultados, se considera el período viabilidad media del ovocito (óvulo) para ser fecundado en 24 horas (12-36 horas), mientras que la vida un espermatozoide se estima en 2-5 días (aunque la viabilidad reproductiva efectiva sea menor).

Para calcular los días fértiles de la mujer e intentar precisar el momento de la ovulación, se recomienda el método combinado de la Calculadora de la Ovulación (https://www.natalben.com) con los Test de Ovulación.

Con este método combinado para detectar el instante preciso de la ovulación, se pretendería cubrir el momento más fértil de la mujer (7 días en total). En concreto, desde los tres primeros días antes de la liberación del óvulo, en los que se empieza ya a detectar un aumento de la presencia de la hormona LH en las muestras de orina (mediante los test de ovulación). El cuarto día que sería el momento de la liberación del óvulo tras el pico previo de presencia máxima de LH (24-36 horas previas a que se produzca la ovulación). El quinto día se sería del promedio de viabilidad media del óvulo (24 horas), y los dos últimos días (sexto y séptimo día) para asegurar que, pese a las posibles imprecisiones o sesgo de cálculo, se cubriría en su totalidad el período fértil de cada ciclo menstrual de la mujer.

La técnica pionera propuesta estaría condicionada por tramos de edad del hombre, obteniendo las tasas máximas o ideales de esfuerzo (100%) a la edad inferior a los 40 años (<40 años), con una eyaculación cada 8 horas, lo que supone tres eyaculaciones al día (espaciadas cada 8 horas) y 21 eyaculaciones en siete días potencialmente fértiles (espaciadas cada 8 horas).


La segunda serie lineal, con una eyaculación cada 12h, y una tasa de esfuerzo del 75%, estaría indicada para varones de 40-50 años de edad, y supondría dos eyaculaciones al día (espaciadas cada 12 horas) y 14 eyaculaciones para un periodo de siete días de fertilidad potencial.

La tercera serie lineal (no recomendada), complicada por el ajuste de horarios y la disponibilidad de ambos miembros de la pareja, requeriría una eyaculación cada 16 horas, lo que supondría un total de 10-11 eyaculaciones en un periodo fértil de siete días, y una tasa de esfuerzo del 50%.

La cuarta serie lineal, con una tasa de esfuerzo del 25%, requiere una eyaculación cada 24 horas (siempre aproximadamente a la misma hora), lo que supondría un total de 7 eyaculaciones en un periodo fértil de siete días. Esta alternativa estaría indicada para varones que pretenden ser padres con más de 50 años de edad (>50 años).

También se podrían combinar series lineales, por ejemplo espaciar 12h entre eyaculaciones el primer y último día de cada ciclo (de siete días), y concentrar las eyaculaciones a cada 8 horas en el tramo central (cinco días), lo que supondría un total de 19 eyaculaciones en un periodo fértil de siete días, y una tasa de esfuerzo del 95%.

El índice de incremento de las probabilidades de éxito en la concepción estaría directamente relacionada con la tasa de esfuerzo, porque reducir los encuentros sexuales (coitos) a por ejemplo uno cada 48-72 horas estaría en la media habitual de cualquier amante básico o elemental con pareja, sin pretender alcanzar con garantías de éxito la reproducción.

Del mismo modo, de nada serviría e incluso sería contraproducente para el éxito reproductivo, reducir los tiempos de descanso entre los encuentros sexuales, o las eyaculaciones, de esas 8 horas estipuladas en este sistema inteligente científico-tecnológico propuesto.

A quien considere que la técnica propuesta sería algo mecánica y desapasionada para concebir, se le podría recordar que la complicidad entre ambos miembros de la pareja quedaría asegurada, y que como alternativa indeseada un espéculo ginecológico sería gélido y para nada romántico.

Asimismo, el estrés por la responsabilidad de cada encuentro sexual se reduciría de manera considerable, al cubrir en período fértil de una mujer con varios encuentros sexuales (lo que no consiga una eyaculación lo puede remediar la anterior o la siguiente).

Con la metodología ordinaria o tradicional de un encuentro sexual cada 48-72 horas, en una pareja joven y sana, y sin problemas de fertilidad, la probabilidad de embarazo en cada ciclo menstrual es de aproximadamente un 25%. Al cabo de un año, alrededor del 85% de las parejas que buscan un embarazo lo consiguen.

En términos generales, los ginecólogos consideran que si no hay problemas en la relación sexual y no hay antecedentes médicos en la historia clínica de la mujer, o del hombre, un año de espera antes de consultar a los especialistas si la mujer es menor de 30 años, es razonable. Entre 6 meses y un año si la edad se centra entre los 30 y los 35 años. Seis meses desde los 35 hasta los 40, y de forma inmediata si inicia la búsqueda de embarazo a partir de esa edad. Por ello es esencial no demorar el diagnóstico de una posible esterilidad o infertilidad.

¿Cuándo se debería aplicar esta técnica pionera de incremento de las probabilidades de un embarazo natural?

Si no hay problemas conocidos de esterilidad o infertilidad en alguno o ambos miembros de la pareja, y siempre que la mujer sea menor de 30 años, seis meses de espera o relaciones sexuales ordinarias antes de aplicar esta técnica pionera propuesta sería razonable. Si la edad de la mujer se centra entre los 30 y los 35 años, tres meses de espera sería admisible. De forma inmediata si inicia la búsqueda de embarazo a partir de esa edad (> 35 años).

Si tras tres meses o ciclos menstruales de intentos aplicando una tasa de esfuerzo al 100% (cada 8 horas) o cuatro ciclos con una tasa de esfuerzo del 75% (cada 12 horas) la mujer no queda embaraza, se debería acudir de inmediato al médico, porque es muy probable que exista algún problema de esterilidad o infertilidad en la pareja.


La postura sexual más apropiada para que se produzca el embarazo natural
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Cualquier postura sexual en la que se produzca el coito vaginal, y el hombre eyacule en el interior, es válida para que se produzca un embarazo.

Al concretar la postura en teoría más apropiada por probabilidades de embarazo, por cuestión de gravedad, aquellas posturas en las que la mujer está erguida no son muy favorables para concebir. Sin embargo, sí son óptimas aquellas en las que el esperma penetre lo más cerca posible del cuello uterino.

De este modo, las mejores posturas para quedar embarazada son el misionero, es decir, la clásica postura del hombre encima y la mujer debajo, y la de la plegaria o recostados de lado el hombre detrás de la mujer. Esta postura favorece una penetración más profunda y, por lo tanto, más efectiva para que el esperma alcance su objetivo sin problemas.

Postura del misionero.

De nuevo por la acción de la gravedad, si la mujer se incorpora nada más terminar el acto sexual es posible que el semen no consiga llegar al óvulo. Lo ideal es que la mujer se quede acostada en la cama boca arriba y con las piernas flexionadas (hasta media hora), permitiendo así que el semen permanezca durante más tiempo en el útero y los espermatozoides puedan alcanzar el óvulo para fecundarlo.

Una teoría sostiene que la principal función del orgasmo sería favorecer que las mujeres adopten por más tiempo una postura horizontal, lo que permitiría que más semen permanezca dentro del cuello del útero y más espermatozoides puedan llegar hasta las trompas de Falopio para fecundar el óvulo.


La función del orgasmo en la concepción o embarazo
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Aunque no tenga un sólido respaldo científico, la "teoría upsuck" plantea que cuando sucede el orgasmo la contracción de las paredes del útero ayuda a transportar los espermatozoides eyaculados a los óvulos.

Si bien que la mujer alcance el clímax no resulta imprescindible para quedarse embarazada,  las contracciones vaginales y uterinas del orgasmo femenino podría relacionarse con una mayor retención de semen dentro del cuerpo de la mujer, y que también se dirigiese hacia el folículo ovárico maduro, por lo que en teoría sería más probable así que la mujer quedase  embarazada.

El orgasmo femenino es el mejor ejercicio para el suelo pélvico, tanto en el momento de excitación como en el propio orgasmo, ya que hay una gran descarga de oxitocina. En una búsqueda de embarazo con proceso natural, es importante disfrutar y cuantos más orgasmos mejor.


A nivel de fisiosexología se puede diferenciar entre orgasmo y orgasto:
El orgasmo es a nivel cerebral y es el que produce placer a la mujer, toda la cascada hormonal posterior. El orgasto es la manifestación física de ese orgasmo. Estas consecuencias físicas del orgasmo son unas 8-12 contracciones de suelo pélvico, contracciones uterinas, irrigación de toda la zona...

Lo ideal es que se logren clímax completos, tanto a nivel físico como cerebral, para beneficiarse de la descarga hormonal.

Durante el orgasmo se producen cambios fisiológicos en el suelo pélvico. En la fase de excitación, la vagina se ensancha y se alarga, mientras el útero se eleva y se verticaliza. En el momento del orgasmo es cuando se genera la vibración de esta plataforma pélvica, que son las contracciones de vagina, de suelo pélvico y de útero. Después de este momento, se vuelve a la fase de calma, con la liberación de las hormonas: oxitocina y serotonina (estas hormonas del placer y del bienestar que se sienten después del orgasmo).

Fases de la excitación sexual y del orgasmo femenino.
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Aunque no sea vital que la mujer llegue al orgasmo para poder quedar embarazada, convertir la relación sexual en un instrumento sólo para concebir puede llevar a disfunciones, inapetencia, estrés,...

En definitiva, aunque el coito tenga que ser programado en ciertos días para alcanzar el embarazo, siempre el placer relacionado con el sexo es más gratificante que el coito sin placer.

En la gestación, período de tiempo comprendido entre la concepción y el nacimiento, las contracciones musculares generadas durante el orgasmo ejercitan el suelo pélvico, que es un grupo de músculos que sostienen el útero, vejiga, intestinos y otros órganos pélvicos. Asimismo, ayuda a disminuir la congestión pélvica por la acumulación de sangre en esta zona.

Tipos de orgasmo femenino.
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El clímax es bueno para la circulación de la sangre, gozar de una vida sexual plena y satisfactoria puede reportar muchos beneficios para la salud de la persona. En ese sentido, sería interesante que todas las mujeres aprendieran a conocer su cuerpo, aceptarlo y expresar sus necesidades de forma adecuada para poder disfrutar de él en su totalidad.


La técnica de la clara de huevo fresca como lubricante natural
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Un estudio realizado en 11 países a 6.500 mujeres reveló que hasta un 18% de las mujeres de entre 18 y 34 años indicaron sufrir sequedad vaginal siempre o casi siempre, por lo que es más común de lo que en un principio se podría pensar. Esto puede empeorar cuando se trata de concebir, ya que existe una tendencia a tener muchas relaciones sexuales para quedarse embarazada.
 
Algunos lubricantes vaginales no respetuosos con los espermatozoides, que se usan durante las relaciones sexuales para combatir la sequedad vaginal, pueden dificultar la motilidad de los espermatozoides y repercutir en las posibilidades de concepción, aunque algunas marcas anuncian que sus lubricantes son respetuosos con los espermatozoides.

El moco cervical es un elemento secretorio, elaborado por las glándulas del endocérvix, que fluye por el orificio cervical de manera constante. En las diferentes etapas de la vida de la mujer y condicionado por las influencias hormonales consecutivas, el moco cervical presenta, dentro de lo normal, variaciones que se refieren tanto a su composición química como a sus caracteres físicos; por esta razón el estudio de ellas debe hacerse teniendo en cuenta la etapa genital correspondiente.

A falta o escasez de moco cervical femenino necesario, como lubricante sexual natural sustitutivo se trata de usar clara fresca de huevo. La clara tiene una consistencia similar al moco cervical humano preovulatorio, aunque no presenten la misma composición bioquímica.

El contenido del huevo es capaz por sí mismo de dar origen a un ser vivo completo. Por eso se puede decir que el huevo es uno de los alimentos más completos que existe. Destaca la gran cantidad de nutrientes que contiene, su biodisponibilidad (en relación con los nutrientes presentes en otros alimentos) y el equilibrio de los aminoácidos de su proteína.

Clara de huevo como lubricante sexual natural.
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El contenido comestible del huevo lo forman la clara y la yema. La clara contiene principalmente agua (88%) y proteínas, de las que la albúmina es la más importante. En la yema el 50% es agua, y el resto se reparte equitativamente entre proteínas y lípidos. Una fracción muy pequeña corresponde a otras sustancias también importantes para la nutrición y la salud. Por eso la clara de huevo podría ser un gran conductor y conservador natural del semen.

En la manipulación del huevo hay que tener en cuenta que el entorno interior de un huevo se mantiene normalmente estéril hasta que se rompe la cáscara, en cuya superficie se encuentran los gérmenes o microorganismos. Este envase, no supone ninguna medida de protección o de seguridad, ya que se trata de una barrera totalmente permeable, que permite el paso de cualquier organismo. En la cara interior existe una capa, invisible, que recubre completamente la cáscara y que se denomina cutícula. En las zonas en las que se produce la eliminación de esta capa protectora quedan libres y al descubierto los poros de la cáscara. Como consecuencia, los microorganismos que haya en la cáscara pasarán al interior del huevo, contaminándolo. Si en la cáscara hay restos de heces de la gallina habría que desechar los huevos, empleando los mismos criterios que si fuesen para consumo.

La técnica consiste en sacar un huevo fresco de la nevera una o dos horas antes de la relación sexual, hay que ponerlo a temperatura ambiente para que los espermatozoides no pierdan la actividad con el frío. Pocos minutos antes del coito abrir el huevo, habría que separarla de la yema que no interesa, y extraer la clara para ponérsela en la vagina. Se podría utilizar incluso un pequeño aplicador tipo jeringuilla, con la punta (pivote o cono) para insertar la aguja roma o redondeada (para evitar causar la mínima herida). También podría depositarse en un pequeño cuenco estéril de plástico que no esté frío (se podría precalentar con las manos), y emplearlo como lubricante en los juegos y caricias de la estimulación sexual precoital, administrado con los dedos por cualquiera de los dos miembros de la pareja.

Las medidas higiénicas deben mantenerse durante todo el proceso y desechar lo sobrante tras cada relación sexual para evitar infecciones. Por el mismo motivo, después de la relación sexual conviene una limpieza superficial de la zona con agua templada.


Inseminación artificial casera (autoinseminación conyugal u homóloga)
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La exigencia de relaciones sexuales con penetración o coito tan asiduas en un corto espacio temporal, propuestas para incrementar al máximo las probabilidades de embarazo natural en una pareja heterosexual, por simple agotamiento por la frecuencia de encuentros y el escaso margen para la recuperación, podrían causar un "gatillazo" o una disfunción eréctil esporádica y puntual en un varón sin antecedentes.

Cualquier relación sexual con penetración supone un mayor esfuerzo físico que una simple masturbación, realizada por la propia persona o con la ayuda de su pareja.

Para solucionar esta leve disfunción temporal y proseguir con el plan establecido, de manera puntual y reversible, se podría recurrir a la inseminación artificial casera.

La inseminación artificial (IA) consiste en la introducción del semen en el aparato reproductor femenino de forma artificial.

Son tres los principales aspectos que diferencian una inseminación artificial casera de una inseminación artificial realizada en un centro reproductivo.

En la primera la propia mujer o su pareja realiza en casa con ayuda de una jeringuilla la deposición del semen en la vagina, de forma similar a una penetración en las relaciones sexuales, mientras que en la IA realizada por el ginecólogo o en una clínica de reproducción asistida el semen es depositado en el úterocon la ayuda de una jeringa y mediante un catéter o una cánula adaptada.

Otro de los puntos de diferencia es la estimulación ovárica. Si el tratamiento es realizado por un ginecólogo, existe la posibilidad de realizar una leve estimulación ovárica para aumentar las probabilidades de éxito. No es posible realizar esto en casa, puesto que la estimulación requiere de control médico por el posible riesgo de síndrome de hiperestimulación ovárica.

Por último, cuando la inseminación se realiza en un centro de reproducción asistida, el semen sufre un proceso de capacitación gracias al cual la muestra introducida ha sido concentrada en espermatozoides con mejor movilidad.

La inseminación artificial casera requiere poca intervención y está considerada la técnicas de reproducción asistida más sencilla, similar a la concepción natural. La fecundación se produce en el cuerpo de la propia mujer, en concreto en la trompa de Falopio.

Aunque el esperma no se introduce de una manera natural en la vagina o útero femenino, si que va a existir una selección natural dentro del tracto de la mujer, una competencia entre los espermatozoides para fecundar al ovocito.

Con este método de autoinseminación casera se obtienen las mismas posibilidades de embarazo que manteniendo relaciones sexuales sin protección: en ningún caso la tasa de embarazo aumenta, tal y como ocurre si la inseminación artificial se realiza en un centro reproductivo. En las clínicas, con el fin de aumentar las posibilidades de fecundación, las mujeres se someten a una hiperestimulación de su ciclo ovárico y el esperma es capacitado.

Existen diferentes tipos de inseminación según cual sea el origen del semen; se puede diferenciar entre la inseminación artificial conyugal u homologa IAC, o la inseminación artificial de donante o heteróloga IAD. En la conyugal el semen que se utiliza en el proceso es de la propia pareja, mientras que en la de donante proviene de un banco de semen.

Este método también estaría indicado para parejas heterosexuales que no puedan realizar el coito por alguna disfunción sexual, como problemas en sostener la erección o el vaginismo.

La técnica de la inseminación conyugal casera:
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Materiales:

- Bote de muestra (aislado y desinfectado): para depositar el semen eyaculado.
- Jeringuilla sin aguja (5-10 ml): para inyectar el semen en la vagina.
- Guantes estériles de vinilo: para garantizar la esterilidad del proceso.
- Suero fisiológico: para facilitar la aspiración del semen.

Pasos a seguir:

1- Obtención de semen: El hombre obtiene el semen masturbándose y eyaculando en el envase. Se Inserta la punta de la jeringa en el envase y se jala el émbolo para absorberlo dentro de la jeringa.
Bote de muestra.

2- La mujer debe acostarse sobre su espalda en una posición cómoda, con las piernas entreabiertas y con las caderas ligeramente elevadas sobre una almohada.

3- Inyección del semen: Con cuidado, se introduce la jeringa en la vagina lo más profundo que sea posible, con especial delicadeza una vez esté en el interior.

No obstante, no hay que forzar, ya que se podría producir rasguños o fisuras que serían contraproducentes. Resultará más fácil con ayuda, es decir, si no es la propia mujer la que introduce la jeringa.

Jeringuilla con 10 ml de volumen.

Una vez situada la jeringa, se presiona el émbolo suavemente. De esta forma, el semen con los espermatozoides saldrá despacito y quedará depositado en el fondo vaginal.

Para evitar roces o pequeñas heridas, convendría redondear o que la punta sea roma en el extremo del pivote o cono de la jeringa. También podría tener incorporado una cánula o catéter para aumentar su longitud.

Como se puede deducir, este procedimiento es similar al coito vaginal habitual en las parejas heterosexuales.

4- Al finalizar todo el proceso, la mujer debe reposar tumbada en la misma posición durante media hora y luego ya puede regresar a su vida habitual.

La técnica es sencilla y económica, por lo que muchas parejas lo intentan como primera opción ante problemas de fertilidad. Sin embargo, se debe tener en cuenta que la efectividad de la inseminación artificial casera será similar a las relaciones sexuales sin protección.

En caso de utilizar semen de la pareja, se aconseja que todo el proceso de inseminación se realice de manera inmediata (<5 minutos) a la obtención del semen, para mantener la temperatura adecuada, sino los espermatozoides pueden experimentar una pérdida de movilidad y descender su efectividad.

Aunque no sea aconsejable y sólo si resultase excesivamente espeso, la muestra de semen obtenido podría mezclarse con unas gotitas de suero fisiológico (de farmacia) para facilitar su fluidez y, por tanto, su succión con la jeringuilla. En este caso, el suero debe mantener la misma temperatura que el cuerpo humano, es decir, entre 36 y 37 grados. En caso de observar restos evidentes de semen en el recipiente y/o jeringuilla tras la primera operación, existe la opción de añadir unas gotas de suero (1-2 ml) para facilitar su succión máxima e inyectar la totalidad del semen disponible repitiendo una segunda operación de refuerzo.

Todo el procedimiento debe realizarse con el máximo cuidado y con los guantes estériles colocados, para garantizar las medidas higiénicas necesarias y la esterilidad en todo el proceso.


Anticonceptivos hormonales y la concepción
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Los anticonceptivos hormonales, por su fiabilidad, seguridad y fácil uso, son uno de los métodos de prevención de embarazo más utilizados en las mujeres en edad fértil. Se estima que aproximadamente unas 65 millones de mujeres utilizan la píldora en todo el mundo, y desde su primera aparición en la década de los 1960’s, ha habido una gran evolución en cuanto a: menores dosis hormonales, formas de presentación y administración, y perfil de seguridad.

Cuando la pareja decida comenzar a buscar una gestación, esta debe dejar de utilizar cualquier método anticonceptivo. No obstante, hay que tener en cuenta que algunos métodos, como la inyección anticonceptiva y otros anticonceptivos hormonales, pueden requerir varios meses desde que la mujer deja de administrársela hasta que se recupera la fertilidad.

Por ello, puede ser conveniente abandonar ciertos métodos anticonceptivos con la suficiente antelación y utilizar el preservativo hasta que se desee comenzar a buscar el embarazo. Sin duda, el ginecólogo podrá ayudar a la mujer acerca de cómo y cuándo abandonar el anticonceptivo, en función del método que se esté usando.

Los anticonceptivos hormonales son los métodos anticonceptivos más utilizados en la mujer. Los anticonceptivos hormonales se componen de versiones sintéticas de las hormonas sexuales femeninas, normalmente de estrógenos y la progesterona.

Anticonceptivos hormonales sintéticos.

Los anticonceptivos hormonales pueden estar compuestos por estrógenos, que impiden la ovulación, y progesterona, que evita la preparación endometrial y altera el moco cervical, o solamente por progesterona.

Su mecanismo de acción consiste en alterar los niveles hormonales naturales en la mujer para impedir que tenga lugar la ovulación y así no haya posibilidad de fecundación por parte del esperma. Además, los anticonceptivos hormonales también alteran el endometrio y el moco cervical, y evitan que el útero se prepare para la implantación embrionaria.

La fiabilidad de los anticonceptivos hormonales es muy alta (98-99%), siempre que se utilicen correctamente y siguiendo las indicaciones médicas.

Además de su función anticonceptiva, estos métodos hormonales de anticoncepción tienen otras aplicaciones: ayudan a controlar las hemorragias vaginales de la menstruación y sirven para el tratamiento de enfermedades como la endometriosis. El síndrome de ovarios poliquísticos es otra patología que puede ser tratada con anticonceptivos hormonales.

No obstante, los anticonceptivos hormonales también presentan algunos inconvenientes. Puesto que actúan regulando el sistema hormonal propio de cada mujer, muchas de las que los usan sufren efectos secundarios indeseados. Además, no todas las mujeres pueden utilizar anticonceptivos hormonales y no previenen del contagio de las ETS.

En función del modo de administración, los anticonceptivos hormonales se clasifican de la siguiente forma:
  • Pastillas o píldoras anticonceptivas
  • Anticonceptivos inyectables
  • Parches anticonceptivos
  • DIU con liberación hormonal
  • Implante anticonceptivo
Tras la toma de anticonceptivos hormonales, el organismo femenino necesita un tiempo para que se normalice y vuelva a las funciones metabólicas naturales.

Los ciclos menstruales regulares retornarán al cabo de 3 a 6 meses después de que una mujer deje de usar la mayoría de métodos anticonceptivos hormonales, pero depende del método específico que estaba usando.

Por ejemplo, las píldoras anticonceptivas (BCPs, por sus siglas en inglés) contienen dos formas de hormonas artificiales denominadas estrógeno y progestina. Estas hormonas se producen de manera natural en los ovarios de una mujer. Las BCPs pueden contener ambas hormonas o progestina solamente.

Ambas hormonas impiden que el ovario de una mujer libere un óvulo durante su ciclo menstrual (lo que se llama ovulación). Ellas hacen esto cambiando los niveles de las hormonas naturales que el cuerpo produce.

La progestina también hace que la mucosidad alrededor del cuello uterino de una mujer se vuelva espesa y pegajosa. Esto impide que los espermatozoides entren al útero.

En el caso de los anticonceptivos orales combinados, éstos funcionan regulando el eje hormonal evitando que se produzca la ovulación al evitar el crecimiento de un folículo dominante en el ovario. Esto se produce a través de una regulación del hipotálamo, evitando la secreción de las hormonas que estimulan el crecimiento folicular y posteriormente la ovulación.

Por lo general, los períodos menstruales se reanudan después de tres meses de haber dejado de tomar la pastilla. Sin embargo, si una mujer tomó la pastilla para regular los ciclos menstruales, es probable que transcurran varios meses antes de que vuelva a menstruar.

Si tras dejar de tomar las píldoras anticonceptivas, a una mujer no le vuelve el período menstrual durante varios meses, es probable que tenga lo que se conoce como amenorrea posterior a la pastilla anticonceptiva. La pastilla evita que el cuerpo de la mujer produzca las hormonas que participan en la ovulación y la menstruación. Cuando deja de tomar estas hormonas sintéticas, el cuerpo puede demorar un tiempo hasta que comience a producir estas hormonas naturales de nuevo.

Al estudiar el retorno de la fertilidad tras suspender el uso de la píldora, numerosos estudios coinciden en que a pesar que parece haber un leve retraso inicial en la concepción, este es temporal y limitado a los primeros meses, y parece no existir relación entre el uso a largo y corto plazo de las pastillas anticonceptivas con problemas de fertilidad.

Esto significa que es posible que se produzca el embarazo inmediatamente después de suspender la toma de la píldora. Sin embargo, el tiempo que tarde una mujer en quedar embarazada dependerá sobre todo de cuánto tarde su cuerpo en volver a adaptarse a su ciclo menstrual natural. Si su ciclo antes de iniciar el tratamiento era irregular, podría tardar un poco más.

El principal motivo del uso de las pastillas anticonceptivas es la prevención del embarazo, pero también están indicadas en pacientes con reglas irregulares o sangrados abundantes, para disminuir el acné, mujeres con ovarios poliquísticos o endometriosis para paliar sus síntomas. También para la protección contra el cáncer de ovario y endometrio, así como para controlar la patología mamaria benigna.

La pastilla anticonceptiva ayuda a regular el ciclo menstrual, por lo que es posible que su uso haga que pasen desapercibidos problemas hormonales existentes que se aprecian cuando se deja de administrar. Además, por lo general las mujeres suelen comenzar a tomarla cuando son jóvenes, ya que es una forma eficaz de evitar el embarazo, y cuando deciden ser madres, en muchos casos es en una edad en la que la reserva ovárica y la calidad genética de sus óvulos ha disminuido de manera natural. Siendo la edad, y no el consumo de la píldora anticonceptiva, el problema de infertilidad.


El ácido fólico y el embarazo
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El ácido fólico, también llamando folato, es un nutriente esencial que el organismo requiere para poder realizar correctamente numerosas funciones y procesos metabólicos. Se trata de un elemento incluido entre las vitaminas del grupo B y, de hecho, se le denomina habitualmente como vitamina B9.

Una de las cosas más importantes que se puede hacer para ayudar a prevenir deformaciones congénitas graves en el bebé, es consumir suficiente ácido fólico todos los días, especialmente antes de la concepción y durante la primera etapa del embarazo.

Antes del embarazo hay que tomar ácido fólico, ya que ayuda a prevenir las alteraciones graves del cerebro y la médula espinal, así como otros defectos, como el labio leporino. El tubo neural se desarrolla muy precozmente, antes incluso de saber que se está embarazada, de manera que es bueno empezar a tomarlo un mes antes.

¿Qué es el ácido fólico?

El ácido fólico (o folato) es una vitamina B (B9) que se encuentra principalmente en los vegetales verdes oscuros, como el brócoli y la espinaca, en las legumbres, como los frijoles o las arvejas, y en los cereales enriquecidos.

Las principales fuentes de ácido fólico son las hortalizas y las verduras, pero son muy sensibles durante la cocción y sus propiedades se pierden enseguida durante la cocción, el aceite o el vapor. Si se comen crudas también es diferente el grado de absorción en la dieta. De ahí que se recomiende ingerir el ácido fólico farmacológico, que se absorbe mejor.


¿Cuáles son los beneficios del ácido fólico?

Las mujeres embarazadas o que están intentando quedar embarazadas deberían consumir al menos 400 microgramos (0,4 miligramos) de ácido fólico diariamente antes de la concepción y al menos durante tres meses después de quedar embarazadas. Los estudios demuestran que esto reduce significativamente el riesgo de que un bebé tenga defectos del tubo neural.

¿Qué son los defectos del tubo neural?

Los defectos del tubo neural son deformaciones congénitas que implican el desarrollo incompleto del cerebro y la médula espinal. Los defectos del tubo neural más comunes son los siguientes:

Espina bífida: cuando la médula espinal y la columna vertebral no se cierran completamente.
Anencefalia: un subdesarrollo grave del cerebro.
Encefalocele: cuando el tejido cerebral sobresale hacia la piel a través de una abertura en el cráneo.

Todas estas deformaciones ocurren durante los primeros 28 días de embarazo, usualmente antes de que la mujer sepa que está embarazada.

Por eso es muy importante que todas las mujeres en edad de maternidad ingieran ácido fólico; no sólo aquellas que están intentando quedar embarazadas. La mitad de los embarazos no son planeados, por lo que toda mujer que pudiera llegar a quedar embarazada, debería asegurarse de tomar suficiente ácido fólico.

No está claro por qué el ácido fólico tiene un efecto tan grande en la prevención de los defectos del tubo neural. Pero los expertos sí saben que es vital para el desarrollo del ADN. Por lo tanto, el ácido fólico desempeña un papel importante en el crecimiento y desarrollo de las células, así como en la formación de tejidos.

Las vitaminas prenatales no deberían reemplazar a una dieta bien equilibrada. Pero tomarlas puede suponer un refuerzo de vitaminas y minerales, tanto para la madre como para el bebé. Algunos profesionales del cuidado de la salud recomiendan tomar un suplemento de ácido fólico además de las vitaminas prenatales. Consulte con su médico acerca de la ingesta diaria de ácido fólico.


Ovulación
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La ovulación u ovocitación es uno de los procesos del ciclo ovárico de la mujer, en el cual un folículo ovárico maduro se rompe y libera un ovocito en el extremo de la trompa uterina, durante la fase ovulatoria o periodo periovulatorio. El óvulo libre, es el gameto femenino y podrá alcanzar la fecundación hasta las 24 horas (12-36 horas)siguientes a su liberación. En la mayoría de las mujeres, la ovulación se produce cuatro días antes o cuatro días después de la mitad de su ciclo ovárico habitual.

Las alteraciones de la ovulación (disfunción ovulatoria), representan un porcentaje de los casos de infertilidad humana.

La ovulación también ocurre dentro del ciclo estral de todas las restantes hembras de mamífero, aunque este proceso guarda diferencias sustanciales con el ciclo menstrual humano.


Características técnicas

El proceso

Ocurre como consecuencia de pulsos hormonales a nivel del eje hipotálamo-hipófisis-ovario,
 donde la GnrH, liberada por el hipotálamo a nivel del núcleo arcuato, actúa sobre la adenohipófisis mediante pulsos lentos, induciendo la síntesis de FSH o mediante pulsos rápidos activando la secreción de LH. Se selecciona el folículo dominante, destinado a ovular, de los varios folículos que inician su crecimiento; este folículo dominante libera inhibina impidiendo el crecimiento de los demás folículos, que entran en atresia. Un aspecto a tener en cuenta es que dicho folículo dominante puede localizarse en cualquiera de los dos ovarios, por lo que la ovulación es un proceso aleatorio, pues no necesariamente tiene por qué producirse un mes en el ovario derecho y al siguiente en el izquierdo.

En la fase folicular (preovulatoria) del ciclo menstrual, el folículo ovárico sufre una serie de transformaciones denominadas expansión del cúmulus, estos cambios son estimulados por la secreción de FSH después que estas transformaciones se completan, se forma una abertura denominada stigma en el folículo ovárico, y el óvulo deja el folículo a través de esta abertura. La ovulación es disparada por un aumento significativo en la secreción de FSH y LH por la glándula pituitaria. El óvulo es liberado en el peritoneo y recogido por las trompas de Falopio mediante un movimiento peristáltico. Normalmente, el ovocito liberado por el ovario derecho es recogido por la trompa de Falopio del lado derecho, e igual en la zona izquierda; aunque puede ocurrir que el ovocito del ovario derecho sea captado por la trompa izquierda y viceversa. Durante la fase luteal (post-ovulatoria), el óvulo se desplaza por las trompas de Falopio hacia el útero. Si es fecundado por un espermatozoide, tras de 6 a 13 días podrá implantarse en ese lugar para iniciar su desarrollo.

En los humanos, se considera el período viabilidad media del ovocito (óvulo) para ser fecundado en 24 horas (12-36 horas), mientras que la vida un espermatozoide se estima en 2-5 días (aunque la viabilidad reproductiva efectiva sea menor). Por los distintos autores consultados, la ventana o fase fértil de la mujer se estima que podría rondar los 6-7 días.

La ovulación en promedio ocurre hacia el día catorce de un ciclo menstrual de duración promedio (veintiocho días). Sin embargo es normal que el día en que se produce la ovulación se aparte del promedio, siendo comunes ovulaciones entre el décimo y el décimo noveno días del ciclo menstrual.

La longitud del ciclo por sí misma no es un indicador fiable del día de ovulación. Mientras que por lo general una ovulación temprana resulta en un ciclo menstrual más corto, y viceversa, la fase luteal (post-ovulatoria) del ciclo menstrual puede variar hasta en una semana de mujer a mujer.

La duración del ciclo de la mujer varía, siendo la más común la que se sitúa entre 23 y 35 días. Si se producen variaciones en la duración del ciclo menstrual, lo más probable es que tengan lugar en la fase anterior a la ovulación (llamada "fase folicular"). Para la mayoría de las mujeres, el tiempo que transcurre entre la ovulación (cuando se libera un óvulo del ovario) y el periodo mensual es de entre 12 y 16 días (llamada "fase luteínica").


Fases de la ovulación

La ovulación u ovocitación abarca el periodo de auge hormonal en el ciclo menstrual, y puede dividirse en tres fases distintas: preovulatoria, ovulatoria y postovulatoria.

Eventos previos

Cuando una niña nace lo hace con dos millones de ovocitos, de los cuales solo 400 llegarán a madurar y el resto se atresiará (entrará en apoptosis o muerte celular). Estos dos millones de ovocitos están detenidos en la etapa de diplóteno de la profase I de la meiosis I, lo que se conoce como estado dictioteno y que se caracteriza por la presencia de cromosomas difusos rodeados por una membrana nuclear intacta llamada vesícula germinal. Con la menarquia o primera regla (y desde entonces en cada ciclo menstrual) va a madurar un grupo de folículos primordiales hasta el estado de folículo preovulatorio o de Graaf, el cual contiene un ovocito estancado en la profase de la primera división meiótica rodeado por una capa de células de la granulosa que conforman la corona radiata, una capa de células de la granulosa murales, una lámina basal protectora, y una red de capilares sanguíneos entre las capas de células de la teca interna y externa. Las células de la granulosa mencionadas van a funcionar como mensajeros bidireccionales con el ovocito y el resto de células para favorecer la función folicular. De hecho, las células del cúmulo o cumulus oophorus son células de la granulosa que van a conectar, como si de un puente se tratara, el complejo corona-ovocito con las células murales de la granulosa.

Además de todas estas capas celulares, el folículo de Graaf se caracteriza por un gran saco de fluido conocido como antro (del latín, antrum). Inducidas por la hormona luteinizante (LH), las células de la teca del folículo preovulatorio secretan androstenediona, que es convertido en estradiol (un tipo de estrógeno) por las células murales de la granulosa. A diferencia de otras fases del ciclo menstrual, la liberación de estrógenos al final de la fase folicular tiene un efecto estimulante en la hormona liberadora de gonadotropinas del núcleo arcuato del hipotálamo (GnRH), que a su vez promueve la expresión de las hormonas luteinizante y foliculoestimulante (FSH) en la hipófisis. El aumento en la concentración de estas dos hormonas dará lugar al comienzo de la fase preovulatoria o folicular.

Fase preovulatoria o folicular

Para que la ovulación sea exitosa, el ovocito debe estar rodeado por las células de la granulosa de la corona radiata y del cumulus oophorus.

Debido al aumento de las concentraciones de FSH y LH, en el cumulus oophorus se induce un proceso proliferativo y de mucificación conocido como expansión del cumulus; en el que la mucificación se define como la secreción de ácido hialurónico para generar una red de células dispersas y a la vez unidas por una matriz pegajosa alrededor del ovocito. Esta red va a permanecer con el ovocito tras la ovulación y se ha demostrado que es necesaria para la fecundación.

Esquema de la ovulación femenina.

Un incremento en el número de células del cúmulo genera un aumento del volumen de fluido del antro, lo que a su vez aumenta el tamaño del folículos hasta unos 20 mm de diámetro. Este aumento de tamaño lleva al folículo antral a convertirse en folículo preovulatorio o de Graaf, el cual forma una pronunciada protuberancia o bulto en la superficie del ovario que permitirá en la posterior fase la liberación del ovocito.

Fase ovulatoria

A través de una cascada de transducción de señales iniciada por la LH, el folículo secreta enzimas proteolíticas que degradan el tejido folicular en el sitio de la protuberancia del ovario. Esto permite la liberación del complejo cúmulo-ovocito a la cavidad peritoneal, donde es captado por las fimbrias de los oviductos (o trompas de Falopio) e impulsado a través de ellas hacia el útero; permanecerá en el tercio externo de la trompa aguardando una posible fecundación.

Desde el principio del ciclo menstrual (periodo o regla) el nivel de estrógeno en el cuerpo de la mujer aumenta de manera paulatina y, llegado a un cierto nivel, provoca un aumento rápido de la LH. Este aumento de la LH activa la ovulación, que es el proceso durante el que se libera un óvulo del ovario. Aunque muchas mujeres piensan que su ovulación se produce el día 14, en realidad, esta varía según la duración del ciclo. Algunas mujeres sienten una punzada de dolor cuando ovulan.

En este momento el ovocito ya habrá completado la primera división meiótica dando lugar a dos células: el gran ovocito secundario, que contiene todo el material citoplasmático, y el pequeño e inactivo primer cuerpo polar. La segunda división meiótica también comenzará y se quedará estancada en la metafase II hasta que el ovocito sea fecundado por un espermatozoide; sólo en este momento el ovocito completará totalmente la meiosis que iniciaron las ovogonias en el desarrollo prenatal para llegar al óvulo. Si dicha fecundación no ocurriera, el ovocito degeneraría en las veinticuatro horas siguientes a la ovulación.

Además, la membrana mucosa del útero y las glándulas endometriales ya habrán alcanzado su máximo tamaño.

Fase postovulatoria o lutea

Una vez liberado el ovocito al peritoneo en la fase ovulatoria, el folículo se rompe y se forma entonces el cuerpo lúteo en la superficie del ovario, que está constituido por células de la granulosa luteinizadas y que produce progesterona y estrógenos. Estas hormonas induce a las glándulas endometriales para que comiencen la producción del endometrio proliferativo y posteriormente el secretor, que será el sitio en el que el embrión crecerá si se da la fecundación. A su vez, la progesterona incrementará la temperatura basal del cuerpo al menos un cuarto o medio grado Celsius.

En caso de que se diera la fecundación, el cuerpo lúteo crecería y seguiría produciendo hormonas hasta el tercer mes de gestación y luego iría desapareciendo lentamente. Pero si el ovocito no es fecundado, el cuerpo lúteo desaparece y se produce la menstruación por la falta de producción hormonal.

La ovulación se produce alrededor de 14 días después del primer día de la regla o menstruación (ciclo menstrual de 28 días). De este modo, los 3-4 días previos, el día de la ovulación y el día posterior, serán los días más fértiles de la mujer.

Algunas curiosidades

Desde el pico de LH hasta el momento de la ovulación pasan unas 38 horas. Esto es importante porque cuando por ejemplo se hace una Estimulación Ovárica Controlada en una reproducción asistida, se tienen que extraer los óvulos un par de horas antes (34-36 horas) de que ocurra la ovulación de forma normal. En este tiempo, los folículos ya son maduros, pero no se han expulsado los ovocitos a la cavidad peritoneal todavía. De lo contrario, no se podrían extraer para su tratamiento.

  • El pico de LH suele ocurrir de madrugada en 2/3 mujeres.
  • En primavera es más habitual que la ovulación se dé por la madrugada, mientras que en otoño o invierno es más probable que se dé por la tarde.

El ciclo ovulatorio, por tanto, depende de muchas cosas: el ritmo circadiano, la estación del año, el ejercicio, la alimentación, el estrés, la convivencia con otras mujeres (probablemente por la liberación de feromonas), etc.


Cómo detectar el momento de la ovulación
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Para reconocer el momento más apropiado para que se produzca el embarazo existen síntomas físicos, algunos imprecisos y no fácilmente detectables, por lo cual se clasifican como subjetivos y objetivos:


Síntomas subjetivos de ovulación

Dolor en el momento de la ovulación

Varias mujeres reconocen el momento justo de la ovulación, porque lo relacionan con un dolor agudo alterno en una u otra ingle. Este dolor se produce cuando el óvulo sale del ovario y avanza por la trompa.

Pequeñas pérdidas de sangre

Se conoce como spotting ovulatorio. Se trata de un sangrado ligero, normalmente amarronado y puede durar hasta 48 horas. Este pequeño sangrado indica que se está ovulando.

Hormigueo y sensibilidad

Inmediatamente después de ovular, muchas mujeres sienten los pechos más sensibles o los perciben con hormigueo.

Aumento del deseo sexual

Los cambios hormonales durante la ovulación aumentan el impulso sexual en las mujeres.


Síntomas objetivos de ovulación

Flujo o moco cervical

El flujo o moco cervical se produce en el cuello del útero y cambia de consistencia y color dependiendo de la fase del ciclo en la que se encuentre la mujer. El moco cervical es uno de los indicadores más fiables de la ovulación.

El instinto femenino no puede saber el día exacto de la ovulación, pero si además de medir la temperatura basal, la mujer analiza el moco cervical y otros síntomas podrá saber qué día se ha producido la ansiada ovulación.

Cuando la mujer está ovulando, el moco cervical es transparente, abundante y con una textura especial, ya que es elástico, suave y resbaladizo, como si fuera clara de huevo. Para observarlo se puede coger una muestra del resto que queda en el papel higiénico después de limpiarse o introducir un dedo en la vagina. Se debe poner el moco entre el dedo índice y pulgar, apretarlo y posteriormente separar los dedos. Así se podría comprobar la textura del mismo, el moco debe estirarse, formando un hilo. En este caso se podría afirmar que la mujer está en un momento muy fértil, y no debe esperar si quiere quedarse embarazada.

Temperatura basal

Otro de los indicadores más fiables de haber ovulado es la diferencia de temperatura basal en la mujer durante su etapa más fértil. Se debe tener un termómetro basal (de venta en farmacias) junto a la cama, y cada día y a la misma hora debe tomarse la temperatura “siempre antes de levantarse de la cama”. Es fundamental que no se desplace, ya que si realiza cualquier tipo de ejercicio la temperatura puede variar y su medida no sería fiable. Tampoco debe ingerir ningún tipo de líquido o bebida. Además, debe haber dormido, por lo menos tres horas.

Normalmente la temperatura basal durante la primera fase del ciclo (antes de la ovulación) está alrededor de 36.5-36.8ºC. Justo uno o dos días antes de la ovulación esta temperatura baja muy levemente, para, un par de días después de haber ovulado, volver a subir (0.2º-0.4ºC), estos valores se mantendrán constantes hasta la menstruación. Esta pequeña diferencia de temperatura indica que la mujer ha ovulado. Lamentablemente, no se puede precisar el día exacto de la ovulación, pero si además de esta medida se analiza el moco cervical y otros síntomas se podrá saber qué día se ha producido la ansiada ovulación.

Es interesante que la mujer haga una tabla con la temperatura basal diaria, durante varios ciclos menstruales, ya que de este modo, y si sus ciclos son regulares, podrá calcular el momento ideal para buscar el embarazo.

Pico de LH

El organismo de la mujer segrega la Hormona Luteinizante (LH) unas 24-36 horas antes de la ovulación, por lo que si se puede detectar esta subida o pico de LH, podrá saber el momento de la ovulación.

Desde hace varios años existen test de farmacia, así como packs de tiras más baratas, sencillas y también eficaces en la web, para utilizar en casa, que en contacto con una muestra de orina, se puede detectar el nivel de esta hormona. Pero se deben conocer algunas recomendaciones antes de utilizar este test de ovulación:

- Se debe recoger la muestra de orina siempre a la misma hora.
- No se debe orinar en las cuatro horas anteriores a hacer la prueba.
- Se debe medir la presencia unos días antes de la ovulación “teórica”, para así saber con exactitud el día más fértil, y poder así calcular el momento ideal para buscar el embarazo.
- Los días más fértiles son el día que se detecta el pico de LH y el día posterior.
- Si se realiza el test durante varios ciclos menstruales, se podrá predecir con exactitud el momento de la ovulación, tal y como sucede con la medida de la temperatura basal.


Calculadora de la ovulación y días fértiles de la mujer
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Calcular la fecha de tu ovulación es básico para conseguir el embarazo. La calculadora de la ovulación requiere información precisa del ciclo menstrual de cada mujer; como datos concretos del primer día de la última menstruación, duración promedio de los ciclos menstruales y duración de la menstruación (regla), y permite predecir la fecha de la ovulación y el período de fertilidad.

La calculadora de la ovulación permite estimar los días fértiles de una mujer ("ventana fértil"), en definitiva las fechas en las que si se mantienen relaciones sexuales existen más probabilidades de que se produzca el embarazo. El periodo fértil depende de la supervivencia del óvulo maduro 24 horas (12-36 horas) y los espermatozoides viables que intervendrán en la fecundación. Se calcula que la gestación puede producirse por relaciones sexuales (coito y eyaculación) realizadas desde cuatro días antes de la ovulación hasta dos días después (7 días)

El ciclo de la mujer se divide en dos partes: la primera, llamada folicular y la segunda después de la ovulación que se llama fase lútea. Esta segunda fase es la más estable y suele durar 14 días.

El ciclo menstrual normal de media se considera que tiene una duración de 28 días, empezando el primer día de la menstruación y terminando el primer día de la siguiente menstruación. Aunque también se considera dentro de lo normal que dure entre 21 y 35 días. Para las mujeres que tienen ciclos que no se ajustan a esos 28 días, toca recalcular la ovulación en función de la duración de cada ciclo menstrual (normales, cortos y largos). Si es más largo (más de 35 días) es posible incluso que no se produzca ovulación.

Asimismo, cuando los ciclos menstruales sean irregulares, convendría anotar cada cuanto le ha venido la regla en los 6 meses previos para estimar una media, así como estudiar los signos propios de ovulación.

Por regla general, la ovulación se produce a mitad de ciclo, habitualmente sobre el día 14 en un ciclo menstrual regular de 28 días. Pero no todas las mujeres tienen ciclos tan regulares. Algunas tienen su menstruación cada 25 días y otras cada 35, en cuyo caso calcular los días de la ovulación resulta más complicado.

Cuando la mujer tiene ciclos más largos o más cortos, se supone que la fase más constante es la segunda mitad del ciclo (fase lútea). Esto significa que en mujeres que tienen ciclos de unos 40 días, la ovulación se produciría alrededor del día 26; de forma similar, si una mujer tiene ciclos de 22 días, habría que pensar que su ovulación se produce alrededor del día 8 de ciclo​​​.

Además, existe una estrecha relación entre el hipotálamo con la hipófisis y los ovarios, lo que supone que el sistema nervioso y el sistema endocrino (del que depende el hormonal) interactúan entre sí. Esto explicaría que las alteraciones emocionales pueden influir en el ciclo menstrual y, por tanto, en los días fértiles y en la ovulación. En líneas generales, los meses de primavera la liberación del ovocito suele producirse por la mañana y por la tarde en otoño e invierno.


Test de ovulación: identifica los días fértiles de la mujer
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Si una mujer está buscando un embarazo, el test de ovulación resulta útil: le ayuda a identificar sus días fértiles, en los que si mantiene relaciones sexuales tiene más probabilidades de quedarse embarazada.

Test de ovulación: qué es, tipos y cómo usarlo

La ventana fértil –los días en los que la mujer más posibilidades tiene de quedarse embarazada si mantiene relaciones sexuales– apenas comprende un par de días fértiles al mes, porque desde que se produce la ovulación el ovocito vive 24 horas (12-36 horas) y ese es el tiempo que tiene para ser fecundado por alguno de los millones de espermatozoides que pueden sobrevivir dentro del aparato reproductor hasta 72 horas (2-5 días) después de la relación sexual. Si en ese lapso ovocito y espermatozoide no coinciden, es imposible el embarazo. Por eso, si una mujer desea tener un bebé es importante que conozca cuándo se va a producir la ovulación.

Con un test de ovulación se puede calcular cuáles son esos días fértiles y aumentar las posibilidades de que se produzca la concepción. Son test que tienen la finalidad de predecir el momento de la ovulación dentro del ciclo menstrual, con el fin de ayudar en la búsqueda del embarazo.

No obstante, conviene saber que este test en ningún caso indica si la mujer está ovulando. Tan solo revela que las hormonas que se ponen en marcha para este proceso se encuentran en su punto más alto y que lo más probable es que la ovulación se produzca en las 24-36 horas siguientes. Por lo tanto, si se desea un embarazo se recomienda mantener relaciones sexuales durante los tres días siguientes al resultado positivo del test.

Cómo funciona el test de ovulación

El funcionamiento del test de ovulación es similar al de la prueba de embarazo y es bastante sencillo: constan de unas varillas que al poner en contacto con la orina de la mujer detectan la presencia de las hormonas relacionadas con la ovulación.
  • Los test de ovulación más utilizados son los que miden la hormona luteinizante (LH) en la orina. Esta hormona es la encargada de desencadenar la ovulación en las mujeres. El organismo femenino suele segregarla hacia la mitad del ciclo menstrual, entre los días 10 y 16 después de la regla. A las 24-36 horas previas a que se produzca la ovulación se produce un pico de secreción. La primera micción (orina) de la mañana porque suele presentar niveles más elevados de LH y podría anticipar la proximidad de la ovulación.
  • Otros test identifican además el aumento de estrógenos que precede al pico de LH. De esta forma se puede identificar de manera más temprana el periodo de fertilidad de la mujer.
  • Por otra parte, conviene saber que existen otros tipos de test de ovulación que predicen el momento de la ovulación con la medición de la temperatura basal. Durante la ovulación se produce un leve incremento de la temperatura corporal, entre 0,2 y 0,5º C, y desciende posteriormente con la menstruación. Estos test predicen la ovulación mediante la elaboración de unas curvas de temperatura corporal medidas a través de parches cutáneos, e identificando aquellos días en los que se produce dicho incremento sobre la temperatura basal.
Tipos de test de ovulación
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En las farmacias y en la web se pueden encontrar test que miden la LH y otros que registran la temperatura basal de la mujer.

Test que detectan la LH:

Digitales

Funcionan con varillas que se depositan en la orina y posteriormente se coloca en un dispositivo digital que informará si es el punto álgido de la LH. Suele aparecer una señal (LH+) para indicar que la ovulación está próxima, y LH- cuando la hormona luteinizante no ha sido detectada. Su precio suele oscilar entre 18-30€ y algunos incluyen unas 7-10 varillas de un solo uso e incluso 2 pruebas de embarazo en el mismo paquete. La señal de embarazo se indicaría como HCG1+ (1-2 semanas), HCG2+ (2-3 semanas) y HCG3+ (3+ semanas), y HCG- cuando la hormona del embarazo no ha sido detectada. La hormona HCG (gonadotropina coriónica humana) es una glicoproteína liberada por el embrión tras su implantación en el útero materno.

El bolígrafo de pantalla digital electrónica se puede reutilizar muchas veces (reutilizable) y simplemente habría que reemplazar las tiras de prueba de embarazo (HCG) y las tiras de prueba de ovulación (LH), que se pueden adquirir sueltas y por separado.

Test de ovulación digital.

Analógicos

Son más baratos; cuestan alrededor de 5-12 € (20 tiras LH y 20 tiras HGC), y algunos incluso incluyen varios test de embarazo. Pero su lectura puede ser más complicada: la varilla se pone en contacto con la orina y si aparecen dos rayas del mismo tono, o una segunda raya de un tono más oscuro, quiere decir que la hormona luteinizante se encuentra en su pico más alto.

Test de ovulación analógico.

Los parches de medición de la temperatura:

Son unos parches que se aplican sobre la piel y llevan un sensor que registra constantemente la temperatura. Mediante una aplicación de móvil realiza una curva y detecta el momento del ciclo en el que se produce un incremento en la temperatura basal del organismo. Su precio es de unos 50€ y consta de 3 parches (uno para cada ciclo menstrual).

Cuándo hay que usar el test de ovulación

El conocimiento previo del ciclo femenino es fundamental para aplicar el test de ovulación. Si se desconoce la periodicidad del ciclo, es recomendable que la mujer espere uno o dos ciclos menstruales, que apunte su duración, y así se pueda determinar cuánto duran, o si son ciclos regulares o irregulares.

Ciclos regulares: la ovulación será hacia la mitad del ciclo. Si el ciclo es de 28 días, ocurrirá en torno al día 14. Dado que el óvulo sobrevive un día o dos como mucho se recomendará hacer el test de ovulación del día 10 al 16.
Ciclos irregulares: en las mujeres que tienen la regla de forma irregular es más complicado calcular su periodo fértil, por lo que en estos casos, las pacientes muchas veces tienen que realizar los test durante más días para hallar cuándo ocurre su ovulación.


Diferencia entre esterilidad e infertilidad
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La esterilidad es la dificultad o incapacidad involuntaria para engendrar hijos.

Existen dos tipos de esterilidad: absoluta, cuando es imposible la generación de hijos y la relativa, también llamada subfertilidad, que es la situación en la que se requiere más tiempo que lo normal para que llegue a producirse el embarazo. Hay que distinguirla de la infertilidad que es cuando la mujer puede concebir pero el embarazo se malogra y no llega a término, como en el caso del aborto de repetición.

Diferencia entre esterilidad e infertilidad.

También puede clasificarse en primaria: cuando nunca se ha logrado engendrar o secundaria: cuando antaño lo hizo pero no lo logra ahora. Esta situación es muy frecuente cuando la mujer avanza en su edad por la mayor frecuencia de problemas ginecológicos a partir de los 30 años y por el declinar fisiológico de la fertilidad con el paso del tiempo, que se acentúa a partir de los 35 años en general y es dramático a partir de los 40 años.

Una mujer que cumplidos los 30 años desea ser madre no debe permitir que "se le pase el arroz". La ventaja de no retrasar la búsqueda del embarazo y los riesgos de demorarlo en el tiempo son incuestionables. Con menor edad, existirá más probabilidad de conseguirlo de manera natural.

Las posibilidades de quedarse embarazada en cada ciclo se relacionan con la edad ovárica, que puede ser años por encima o por debajo de la edad de la mujer. Pero el mejor indicador es el nivel en sangre de la hormona antimulleriana. También lo es el recuento de folículos antrales basales en una ecografía.

Si fuera necesario recurrir a técnicas de medicina reproductiva, sin duda el resultado será mejor si la futura madre es más joven, porque en otros motivos:

1- Se consigue un mayor número de ovocitos en la estimulación ovárica, y consecuentemente un mayor número de embriones: factor clave para el futuro, tanto si no tuviera éxito la primera transferencia embrionaria, como para posteriores gestaciones de hermanos sin necesidad de repetir nuevas fecundaciones in vitro FIV.
2. Es poco probable que se vea obligada a recurrir a óvulos donados, dado que tendrá una mejor calidad ovocitaria.
3- Necesitará menos fármacos, lo que se traduce en menor coste y duración del tratamiento, y mayor confort.
4. Es menor el riesgo de aborto o de embriones afectos de enfermedades cromosómicas, como el síndrome de Down.

Cuando el factor edad entra en juego, se convierte en un gran obstáculo para la fertilidad. Los especialistas señalan que la edad de la mujer es uno de los factores determinantes para la fertilidad, ya que puede modificar la ovulación.

Las mujeres muy jóvenes, menores de 22 años, y que se plantean ser mamás, deben saber que tienen mayor probabilidad de tener hijos con anomalías cromosómicas o genéticas, ya que los ovarios y los óvulos no suelen estar aún maduros.

Entre los 22 y los 30 años las mujeres viven su mejor época fértil tanto para la salud de la madre como para la del hijo. Los especialistas consideran esta etapa como la más adecuada para concebir, ya que existen menos riesgos para madres e hijos y la posibilidad de embarazo es alta, alrededor del 25% en cada ciclo fértil.

A partir de ese momento empieza a declinar, al principio muy suavemente y a partir de los 35 de manera muy intensa. A partir de los 35 años, la fertilidad comienza a resentirse y desde los 40 años se multiplican los factores de riesgo de anomalías en el feto y en la salud de la madre, así como las probabilidades de sufrir abortos espontáneos.

Pasados los 40 años las posibilidades de tener un embarazo disminuyen considerablemente. La fertilidad de la mujer disminuye y se disparan los posibles abortos o alteraciones cromosómicas en los hijos. Los expertos calculan que la cifra de embarazos concebidos de forma natural en esta etapa se reduce por debajo del 5%.

Así la esterilidad a los 30 años es seis veces más alta que a los 20 y vuelve a duplicarse a los 40 años. La fertilidad prácticamente acaba a los 45 años.

La fertilidad en el hombre también disminuye con la edad pero de forma menos marcada y más tardía. Se reduce progresivamente a partir de los 50 años.

Una mujer que acaba de cumplir 40 años, en su próximo cumpleaños habrá perdido aproximadamente la mitad de la fertilidad que tiene en este momento.

A partir de los 36 años, se pierde un 2% de posibilidad de embarazo por mes, lo que se traduce en un 24% menos al año. Y este descenso, se vuelve todavía más vertiginoso, cuándo se cumple más edad.

Por este motivo, es fundamental que una vez se haya tomado la decisión de tener hijos hacerlo cuanto antes, y sobre todo no demorarlo si se tiene más de 36/37 años, se sospecha que puedan existir problemas de fertilidad, o se conoce que hayan tenido lugar en el entorno familiar. Asimismo, es esencial no atrasar el diagnóstico de una posible esterilidad o infertilidad.

Si no hay problemas en la relación sexual y no hay antecedentes médicos en la historia clínica de la mujer, sería razonable un año de espera antes de consultar al ginecólogo si es menor de 30 años. Entre 6 meses y un año si la edad se centra entre los 30 y los 35 años. Seis meses desde los 35 hasta los 40 años, y de forma inmediata si inicia la búsqueda de embarazo a partir de esa edad.

Siempre hay que tener presente que los problemas de esterilidad son cosa de dos, y una mujer puede concebir con un hombre y no con otro, bien debido a problemas del varón o a una relación sexual inadecuada. En consecuencia, sería imprescindible siempre un estudio integral de la pareja.


Requisitos mínimos en la pareja
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Existe una serie de requisitos mínimos para garantizar la seguridad y una mayor probabilidad de éxito en un embarazo natural:

El sistema reproductor tanto en el hombre como en la mujer debería estar libre de partículas infecciosas que puedan contagiar de VIH, Hepatitis B, Hepatitis C, Sífilis o Rubeola.

La esterilidad puede tener un origen muy diverso: un 30% se debe a causas femeninas, otro 30% a causas masculinas y un 20% tiene causas mixtas, es decir, ambos miembros de la pareja presentan alteraciones.

El 20% de casos de esterilidad restante, en cambio, tiene un origen desconocido. Esto significa que, después de haber hecho todas las pruebas diagnósticas habituales (tanto en el hombre como en la mujer), los resultados son normales. Por tanto, se desconoce qué puede estar alterando el sistema reproductor femenino o masculino para impedir el embarazo.

Requisitos mínimos masculinos:
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- Que el hombre no padezca de problemas de erección o eyaculación para finalizar el coito.
- Que el hombre carezca de alteraciones cromosómicas y genéticas que influyan en la espermatogénesis y produzcan infertilidades genéticas.
- Que su organismo no presente alteraciones para producir testosterona y otras hormonas para desencadenar y mantener la producción de esperma.
- Que los parámetros seminales del hombre se consideren normales, es decir, que no padezca de un número bajo de espermatozoides (Oligozoospermia o Criptozoospermia) o incluso carencia de espermatozoides en el eyaculado (Azoospermia) tanto natural o como por vasectomía, con mala movilidad o motilidad disminuida (Astenozoospermia) o morfología alterada (Teratozoospermia) entre otros. En este sentido, se considera problemático un conteo de espermatozoides por debajo de lo normal (menos de 15 millones de espermatozoides por mililitro de esperma o un conteo total de espermatozoides de menos de 39 millones por eyaculación). La prueba a través de la que se mide la concentración, la movilidad y la morfología se llama seminograma.
- Que no tenga dolor, inflamación o bultos en la zona testicular (tumores o varicocele). Los conductos eyaculadores deben estar libres de obstrucciones. La disminución de la fertilidad es más probable en hombres que no tienen los testículos (uno o ambos) descendidos hasta el escroto.
- Que no padezca de infecciones respiratorias recurrentes.
- Que no presente un crecimiento anormal de las mamas (ginecomastia).
- Que no conviva con una exposición excesiva a determinados elementos ambientales, como calor, toxinas y sustancias químicas, que puedan reducir la producción o función de los espermatozoides.
- Que proteja un mínimo su salud, sin cometer excesos en su estilo de vida (tabaco, alcohol, drogas, obesidad, estrés...).

Factor espermático de esterilidad masculina.

Requisitos mínimos femeninos:
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- Que no padezca del síndrome del ovario poliquístico. Se caracteriza por tener menstruaciones irregulares, y por la formación de quistes que impiden el correcto funcionamiento del ovario produciendo infertilidad.
- Que no sea portadora de enfermedades de trasmisión sexual o infecciones genitales.
- Que los genitales externos, el útero, las trompas de Falopio y los ovarios tengan una anatomía correcta y funcional.
- Que no presente anomalías del aparato reproductor femenino: malformaciones, obstrucción o impermeabilidad de las trompas, baja reserva ovárica, etc.
- Que no padezca tumores del aparato genital femenino, como la endometriosis o adenomiosis.
- Que proteja un mínimo su salud, sin cometer excesos en su estilo de vida (tabaco, alcohol, drogas, fármacos, radiaciones, contaminantes ambientales, obesidad, estrés...).

Origen de la esterilidad femenina.

Cuidado perpetuo de la próstata. Eyaculación y prevención del cáncer de próstata
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El cáncer de próstata representa alrededor del 15% de todos los nuevos cánceres diagnosticados a nivel global. Dada la importancia de este cáncer en los hombres, hay un gran interés por estudiar si existen otros factores protectores que eviten su desarrollo aparte de las dietas con alto contenido en legumbres o vegetales y bajas en grasas o la actividad física.

Dada la relación de la próstata con la actividad sexual, se ha valorado el comportamiento sexual como un posible elemento de riesgo modificable en la prevención del cáncer de próstata. Esta teoría se basa sobre la supuesta implicación de la acumulación de secreciones prostáticas potencialmente carcinógenas en el desarrollo de este cáncer. Sobre esta premisa se ha realizado un estudio de larga duración y publicado en el European Urology, una de las revistas de Urología de mayor prestigio científico.

Las evidencias sugieren que la frecuencia eyaculatoria puede estar inversamente relacionada con el riesgo de cáncer de próstata. El estudio incluyó a 31.925 hombres a los que se les preguntó sobre su frecuencia eyaculatoria mensual en el período entre 1992 y 2010 y en los que 3.839 hombres fueron diagnosticados de cáncer de próstata. El número de eyaculaciones mensuales se dividió en los siguientes grupos: ninguna, 1-3, 4-7, 8-12, 13-20 y >20.

Los resultados concluyen que la frecuencia eyaculatoria disminuye con la edad, siendo la proporción de hombres con >13 eyaculaciones al mes del 57% a la edad de 20-29 años frente al 32% a la edad de 40-49 años.

El cáncer de próstata fue menos frecuente en los hombres con frecuencias de eyaculación mayores, y los hombres con un número de eyaculaciones superior a 21 al mes en todos los grupos de edad tuvieron un riesgo significativamente menor de cáncer de próstata frente a los grupos de menos eyaculación.

Este estudio supone hasta la fecha la mayor evidencia médica de un beneficio de la eyaculación en la prevención del cáncer de próstata.

Asimismo, el estudio cuenta como el beneficio de la eyaculación es independiente de si se realiza o no en solitario.

Comparativa entre próstata normal y próstata agrandada con hiperplasia benigna.

Investigación española

El cáncer de próstata es el tumor más frecuente en hombres. Según datos de la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM) para 2023 se esperaban 29.002 nuevos casos.

Su etiopatogenia no es del todo conocida. Se sabe que factores como la edad, los antecedentes familiares, la etnia o algunos relacionados con los hábitos de vida, (dieta, actividad física o exposición ocupacional) tienen un impacto en el riesgo de desarrollo de esta neoplasia. Ahora, un nuevo estudio español ha intentado evaluar la asociación entre la frecuencia de eyaculación y el cáncer de próstata, según la agresividad del tumor, el estadio y la sintomatología urinaria.

Investigaciones previas han estudiado la relación entre hábitos como el número de parejas sexuales, el uso de esteroides, la edad de la primera relación sexual y la frecuencia de eyaculación con el riesgo de desarrollar cáncer de próstata, con resultados contradictorios. Además, recientemente se ha sugerido que los síntomas urinarios en pacientes con hiperplasia benigna de próstata podrían estar asociados con la disfunción eréctil, un factor que podría condicionar la frecuencia de la eyaculación.

Para esta investigación española se analizaron 456 casos incidentes de cáncer de próstata y 427 controles del estudio CAPLIFE, estudio de casos y controles basado en la población. Se midió la frecuencia de eyaculación media en varias etapas de la vida: 20 años, 30 años, 40 años y un año antes de la entrevista. Se clasificó en 0-3, 4 y >4 eyaculaciones/mes. Además se obtuvo información sociodemográfica, del estilo de vida y antecedentes médicos, así como la presencia de sintomatología urinaria, la estadificación del tumor y la agresividad en función de la clasificación de Sociedad Internacional de Patología Urológica (ISUP), ISUP 1-2 e ISUP 3-5 (más agresivos).

Tras el análisis de los datos se observó que, un año antes de la entrevista, los casos con cáncer de próstata eyaculaban con menor frecuencia que los controles. Los hombres con 4 eyaculaciones/mes presentaron una odds ratio ajustada (ORa)=1,64 (IC 95 %: 1,03-2,61), mientras que los participantes con 0-3 eyaculaciones/mes tuvieron una ORa=2,38 (IC 95 %: 1,57-3,60), en comparación con los sujetos con >4 eyaculaciones/mes. Aquellos que nunca eyaculaban presentaban el mayor riesgo de desarrollar un cáncer de próstata, ORa=3,71 (IC 95 %: 2,05-6,71). Se observó una tendencia de riesgo para la década de los 20, pero no se pudo observar una tendencia clara para la frecuencia de eyaculación en las décadas de los 30 y 40 y el riesgo de cáncer de próstata.

En cuanto a la agresividad del tumor, aquellos hombres con 0-3 eyaculaciones/mes tenían un 129 % más de riesgo de presentar un tumor ISUP 1-2 (IC 95 % 1,47-3,57) y un 176 % más de riesgo de presentar un tumor ISUP 3-5 (IC 95% 1,34-5,67). En cuanto al estadio, una frecuencia de eyaculación baja se asoció especialmente a tumores localmente avanzados-metastásicos, OaR=4,70 (IC 95 %: 1,55-14,29). Además, los hombres con síntomas urinarios moderados y 0-3 eyaculaciones/mes eran los que presentaban mayor riesgo de desarrollar un cáncer de próstata ORa=3,83 (IC 95 %: 1,84-7,95).

Los autores concluyen señalando que “se ha observado una asociación entre una frecuencia de eyaculación baja un año antes de la entrevista y el riesgo de cáncer de próstata, especialmente para ISUP 3-5 y tumor localmente avanzado-metastásico. Además, las asociaciones más fuertes se encontraron en sujetos con síntomas urinarios moderados. No obstante, serían necesarios más estudios prospectivos para confirmar los resultados obtenidos”.

Las eyaculaciones frecuentes evitan que se genere una prostatitis, que derive en una adenoma o hiperplasia/hipertrofia benigna de próstata, y que se desarrolle un cáncer de próstata.

Todos los órganos que no se utilizan acaban por atrofiarse, incluidos los órganos sexuales, tanto masculinos como femeninos.

Incremento de las probabilidades de un embarazo natural

¿Cómo aumentar las probabilidades de un embarazo natural? Esta es la típica pregunta que nos hemos planteado todas las parejas que, en algún...